Cómo conseguir que los niños pierdan el miedo a ir al médico

Seamos sinceros. A nadie le gusta ir al médico. Pero si hay un público que es especialmente sensible a esto y que puede llegar incluso a ser conflictivo, esos son los niños. Ellos no entienden que es necesario para su salud y que les va a hacer algún bien. Si tú vas al dentista pensando que cuando termines ya no te dolerá más la boca, él lo único que ve es un hombre o una mujer con bata que le va a hacer mucho daño. Entonces, como padres o adultos, ¿cómo podemos conseguir que los niños pierdan el miedo a ir al médico?

Por supuesto que podemos ayudarles y en gran parte puede depender de nosotros. Aunque los niños son bastante miedosos para todo el tema del dolor, la sangre, las heridas, etc., o al menos suele ser así, se puede hacer que lo lleven mucho mejor y que sea llevadero no solo para ellos, también para ti y para el profesional que tiene que realizar la intervención.

Si te preocupa este tema y quieres que tus hijos pierdan el miedo a ir al médico, sigue leyendo que te vamos a dar algunos tips básicos pero imprescindibles que tal vez estás pasando por alto.

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Si tú tienes miedo a ir al médico, ellos también lo tendrán

Ya sabes que los niños se miran en nosotros como si fuéramos un espejo y que repite frases y actitudes, interiorizándolas mucho más de lo que crees. No es solo un juego, si no que pueden marcar mucho su personalidad. Por eso, es imprescindible que, si quieres conseguir algo de ellos, seas tú primero quien predique con el ejemplo.

Si te ven que pospones citas médicas, que estás nervioso ante alguna intervención en concreto o que haces comentarios refiriéndote al miedo que te da ir al dentista o el daño que te han hecho sacándote sangre, créenos, tus hijos van a adoptar las mismas posturas. Entre adultos está bien que comentemos estas cosas, pero con los niños hay que quitarles importancia.

Y no solo quitar importancia a sus intervenciones, también a las tuyas. Si te ven que tú vas feliz al médico, que vuelves del dentista con buena cara y que comentas lo bien que te han tratado y el poco daño que te han hecho, ellos no le cogerán miedo a ir al médico.

Mejor de poco en poco para perder el miedo a ir al médico

No te decimos que tengas siempre a tu hijo metido en una consulta de un doctor, pero tampoco que pase años y años sin pisar ninguna. Cierto, es una buena señal que no precise de médicos, pero también hay ciertas revisiones rutinarias que son interesantes hacer y que ayudarán a comprobar que todo marcha bien y a hacer que él se acostumbre a estas consultas y que no vea a los médicos como seres de otro planeta.

Por eso, no te saltes las revisiones que les toque ni dejes de acudir a ciertos especialistas solo para evitarles el mal rato, porque, tal vez, a la larga consigas el efecto contrario. Está claro que uno de los orígenes de los miedos radica precisamente en el desconocimiento. Deja que se familiarice con estos profesionales, que vea que no siempre que se acude al médico es para algo malo y que todos, adultos y pequeños, pasamos por ellos. Es importante que pierdan el miedo de ir al médico y lo normalicen como algo rutinario y habitual en la vida de todas las personas. Además, el médico no es el enemigo, ¡es el aliado!

Explícale cómo va a ser

Como te decíamos, uno de los problemas en los que se fundamenta el miedo a ir al médico es precisamente por el temor a lo desconocido. Si te sientas a hablar con él antes de cada visita podrás explicarle exactamente qué va a ocurrir para que él no vaya a ciegas y sepa qué puede esperar. Además, te expondrá sus miedos y curiosidades y podrás resolvérselos. En estos casos, la comunicación es clave y tu pequeño cogerá fuerza para ir con ganas a ver a su doctor de confianza.

Eso sí, no se lo edulcores demasiado. Por ejemplo, si le van a sacar sangre, no le digas que no se van a utilizar agujas, porque entonces cuando llegue el momento puede ser que se desencadene una reacción indeseada para todos, además de que te perdería la confianza. Cuéntale cómo va a ser el proceso, tratando de suavizarlo, pero sin esconder, y sobre todo no entres en detalles como “habrá mucha sangre”, “duele mucho”, “se te va a quedar una herida”… porque entonces sí que tendrá miedo… Y será con una razón en esta ocasión. Evita ponerle vídeos o fotos sobre la intervención. Suelen ser explícitos y desagradables.

Trata de elegir siempre a los mismos profesionales

Ya que ir al médico es algo que a poca gente le gusta, lo ideal es tener la confianza depositada en un profesional concreto. De esta forma, se reduce un poco el tema de la frialdad de las consultas médicas y te ayuda a estar tranquilo y en confianza con el profesional que está llevando tu salud. Seguro que a ti también te pasa, ¿verdad? Pues con los niños esto es igual de importante.

Si escogemos siempre el mismo dentista, el mismo médico de familia, el mismo oculista, etc., será como ir a ver a un amigo, que además nos devolverá su confianza y su cariño. Por supuesto, si no te convence un médico, no trabaja bien o es arisco, no hay que regresar a él solo porque haya ido ya en una ocasión. Al contrario. Pregúntale a tu pequeño qué le ha parecido y si le gustaría volver a ver a su “nuevo amigo” o preferiría probar con otro. Esto le hará sentirse partícipe y no se sentirá tan forzado a ir a un sitio al que, seamos sinceros, no le apetece nada ir.

Trabaja en las recompensas

No somos partidarios de “forzar” a los niños a hacer algo siempre con una recompensa por delante. Pero, por ejemplo, seguro que tú mismo, cuando te has tenido que enfrentar a una situación que te resultaba desagradable o te daba miedo, te has premiado de alguna forma, bien sea comprándote un dulce, dándote la tarde libre de obligaciones o buscando unos zapatos nuevos. Entonces, ¿qué problema hay en hacerlo con los niños?

La recompensa puede ser desde dejarle jugar un par de horas más a la consola hasta llevarle a merendar a un sitio que le guste o prometerle ver una peli chula en casa en familia. Como ves, no siempre hay que gastar mucho dinero para tener a un niño contento. De hecho, los niños no entienden si algo es caro o barato. Ellos suelen ser más de acumular momentos y de disfrutar de sus hobbies. Al contrario de lo que puede parecer con la Carta de los Reyes Magos (que si por ellos fuera sería interminable), en estas situaciones de temor, los niños valoran más sentir el apoyo de sus familias y hacer juntos una actividad que les haga sentirse unidos a alguien y pasar el temor en compañía.

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