¿Qué es la leishmaniasis? Evita esta infección por protozoos

Se conoce como leishmaniasis a una enfermedad causada por protozoos del género Leishmania. Estas no solo afectan al hombre, también la pueden padecer los perros y otros animales domésticos. La Leishmania es transmitida por la picadura de flebótomos o sea moscas de la arena infectadas con este parásito.

Las lesiones características de la enfermedad y los exámenes hematológicos permiten el diagnóstico de la enfermedad

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¿Qué causa la leishmaniasis y cuáles son sus formas de presentación?

La leishmaniasis (o leishmaniosis) es causada por un protozoo del género Leishmania, de la cual existen diferentes especies. La enfermedad se presenta en tres formas principales: cutánea (la más común),la visceral (la forma más grave de la enfermedad), y mucocutánea.

En dependencia del tipo de infección, la leishmaniasis puede provocar síntomas ligeros como úlceras que cicatrizan de forma espontánea, o efectos más graves e incluso letales, como la inflamación del hígado y del bazo.

¿Cómo se adquiere la leishmaniasis?

Se transmite a través de la picadura de los mosquitos flebótomos hembras, que hayan picado previamente a un animal o una persona enferma. Estas moscas de la arena tienen que ingerir sangre para producir los huevos. Estos mosquitos son los que transmiten la Leishmania, causante de la enfermedad.

Las medidas básicas de prevención de la leishmaniasis es evitar las picaduras de los flebótomos, para ello es conveniente usar ropa para la protección y mallas

La Leishmania parasitan numerosos vertebrados, en especial a los marsupiales, cánidos, roedores y primates. En algunos se manifiesta la enfermedad, mientras otros son portadores asintomáticos, o sea no manifiestan ningún síntoma y se consideran reservorios naturales de estos parásitos.

La epidemiología de la leishmaniasis depende de las especies del parásito y de los flebótomos, de las características ecológicas de los lugares donde se transmite, de la exposición previa y actual de la población humana al parásito y del comportamiento humano. Hay unas 70 especies animales, entre ellas el ser humano, que son reservorios naturales de parásitos de Leishmania.

La transmisión de los protozoos del género Leishmania se produce con la intervención de las hembras de los mosquitos de los géneros Phlebotomus (en Eurasia y África) y Lutzomyia (en América). Los parásitos no se transmiten por contacto directo ni de una persona a otra, tampoco de un animal a una persona o viceversa. Siempre es mediante la picada de un mosquito, por transmisión de madre al hijo o por el uso de instrumentos o sangre infestada con este protozoo. Diferentes especies de este género han sido identificadas en todas las regiones del planeta.

La leishmaniasis como enfermedad

Esta enfermedad es conocida desde hace siglos, siendo descrita por primera vez en el año 650 a. C., en la antigua Babilonia. No obstante, debe su nombre a William Boog Leishman, quien describió en 1903 el protozoo en el tejido del bazo de un paciente muerto en la India por leishmaniasis visceral.

Como enfermedad, la leishmaniasis se clasifica en:

Leishmaniasis cutánea: su síntoma principal es la aparición en la piel de úlceras indoloras en los sitios dónde el mosquito flebótomo realizo la picada. Estas ulceraciones pueden lo mismo curar de forma espontánea o permanecer durante años. Es la forma más común de leishmaniasis.

La leishmaniasis puede manifestarse en forma de úlceras, pero también puede afectar las vísceras

Leishmaniasis visceral o kala azar: es la forma más agresiva de leishmaniasis, fatal en el 95% de los casos si no se trata a tiempo y de la forma adecuada. Afecta a los órganos internos, en especial al bazo, el hígado y la médula ósea. Sus signos externos son picos de fiebre, debilidad, además de anemia.

Leishmaniasis mucocutánea: destruye parcial o completamente las membranas mucosas de la nariz, la boca y la garganta.

Pese a que se conoce desde hace mucho, esta enfermedad no deja de ser una preocupación actual. Existe en al menos 88 países repartidos en el Medio Oriente, América Central, América del Sur, Asia, África y el sur de Europa. Solo no se han informado de casos en Australia y la Antártida[. La Organización Mundial de la Salud estima que en el mundo desarrollan la enfermedad anualmente alrededor entre 700 000 y 1 millón de personas.

En España, la trasmisión se produce sobre todo por picadura de mosquitos flebótomos que han picado previamente a perros infectados, pero también animales silvestres como el conejo y la liebre.

Estos mosquitos pueden identificarse por ser más pequeños que el mosquito común, son color amarillo-pajizo y su vuelo es silencioso. El anochecer, las primeras horas de la noche y el amanecer son las horas de mayor actividad de este insecto, que no pica durante el día.

Desarrollo y síntomas de la enfermedad

Luego de haber sido picado por un mosquito infestado por protozoos del género Leishmania, los síntomas pueden tardar en aparecer desde 10 días hasta varios meses.

De igual forma, esta enfermedad puede ir a su variante cutánea o visceral, por lo que es muy difícil detectar el momento exacto en que una persona se infesta con estos parásitos. La forma visceral demora de dos a seis meses en manifestarse, mientras que la forma cutánea aparece de dos semanas a cuatro meses luego de la picadura.

La leishmaniasis cutánea y mucocutánea, en dependencia del lugar de aparición, se caracteriza por:

  • Congestión nasal
  • Dificultad para deglutir
  • Dificultad para respirar
  • Hemorragia nasal
  • Llagas en la piel que se convierten en úlceras de lenta curación
  • Rinorrea
  • Úlceras y desgaste en la boca, lengua, encías, labios, nariz y el tabique nasal
La leishmaniasis cutánea es una de las formas en la que se manifiesta esta enfermedad y es una de las más frecuentes

Por su parte, la leishmaniasis visceral tiene síntomas que incluyen:

  • Debilidad
  • Diarrea
  • Disminución del volumen del cabello
  • Fatiga
  • Fiebre
  • Molestias abdominales
  • Pérdida de peso
  • Pérdida del apetito
  • Piel escamosa y oscurecida
  • Sudores fríos
  • Tos
  • Vómitos

De modo general, debe considerarse si el lugar geográfico donde se vive es abundante en el tipo de mosquitos que transmite esta enfermedad, así como la prevalencia de leishmaniasis en la región.

En la región de Europa según la OMS se considera que tanto la leishmaniasis cutánea como la leishmaniasis visceral son endémicas. En el 2018 se notificaron más de 200 casos importados principalmente de África y las Américas.

Situación de la leishmaniasis en España

La leishmaniasis es considerada una enfermedad endémica en España. Durante el periodo del 2005 al 2017 muestra un incremento en los últimos años. En los datos analizados se muestra que la enfermedad se distribuye durante todo el año y durante todo el país. Aunque hay zonas y épocas de mayor riesgo Este hecho está relacionado con el ciclo vital del vector, cuyo pico de actividad es entre junio y septiembre, y por el período de incubación de la enfermedad. Los grupos más vulnerables a padecer esta afección son los  niños y las personas inmunodeprimidas.

En el período 2014-2017, hubo 5 Comunidades Autónomas que acumularon el 89,9% de los casos del período. Estas fueron la Comunidad Valenciana (34,7%), la Comunidad de Madrid (27,6%), Cataluña (10,6%), Baleares (9,2%) y Andalucía (7,9%). A principios del 2020 hubo un brote en la Comunidad Valenciana.

La leishmaniasis es una enfermedad parasitaria que se contrae por la picadura de mosquitos flebótomos infectados. Puede ser cutánea, visceral o mucocutánea

En este periodo la tasa de leishmaniasis a nivel del país es de 0,76 casos/100 000 habitantes. Las tasas son superiores en las  Baleares (2,74), Comunidad Valenciana (2,39), Comunidad de Madrid (1,46) y Castilla La-Mancha (0,79). En el caso de España la leishmaniasis es una enfermedad poco frecuente.

La leishmaniasis en España está asociada fundamentalmente por el  parásito Leishmania infantum. Es transmitida por la picadura de hembras de los géneros Phlebothomus perniciosus y Phlebotomus ariasi, estos se encuentran distribuidos en amplias regiones de la península Ibérica y en las islas Baleares.

Los perros son el principal reservorio del parásito causante  de la leishmaniasis, aunque también las liebres y el propio ser humano se convierte en un portador asintomático.

Diagnóstico y tratamiento de la leishmaniasis

El diagnóstico de la leishmaniasis se realiza combinando el examen clínico con ensayos parasitológicos o serológicos. También pueden indicarse biopsias de medula ósea, de hígado o de ganglios linfáticos, y cultivos y análisis de sangre completos, incluyendo anticuerpos inmunofluorescentes.

Contra la leishmaniasis se dispone de tratamiento seguro y efectivo una vez diagnosticada. Los medicamentos más efectivos requieren ser administrados por vía intravenosa o intramuscular, en dosis única diaria.

El tratamiento debe realizarse siempre bajo supervisión médica, pues está contraindicado para pacientes con insuficiencia renal, hepática, cardiaca o enfermos de tuberculosis. En casos extremos que no remitan con medicamentos, puede requerirse la extirpación del bazo del paciente.

En el caso de las úlceras provocadas por la leishmaniasis cutánea, puede requerirse cirugía plástica para corregir las posibles desfiguraciones de la piel.

Las tasas de curación son altas con los medicamentos apropiados, mayormente cuando el tratamiento se inicia antes de que afecte al sistema inmunitario.

La prevención es clave para combatir la leishmaniasis

Las medidas de salud pública para reducir los flebótomos son importantes. No existen vacunas ni medicamentos que prevengan la leishmaniasis.

Aunque existe una vacuna contra la leishmaniasis canina, no se ha conseguido tener una variante que proteja a los humanos contra este parásito.

Por ello, la mejor forma de combatir la leishmaniasis es la prevención, evitando el contacto con el mosquito flebótomo, agente trasmisor de la enfermedad. Con este fin, se recomienda utilizar toldos de malla fina en camas y ventanas en las zonas donde la enfermedad esté presente.

Otras medidas incluyen el uso de repelentes de insectos y ropas protectoras en áreas susceptibles al contagio.

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